Minerva para los romanos - Hija de Zeus y Metis, diosa griega del pensamiento, símbolo del progreso intelectual. Según la tradición nació de la cabeza de su padre, adulta y armada del escudo y la lanza. Se la conocía también con el nombre de Palas Atenea. Igualaba en sabiduría a Zeus y sobrepujaba a los demás dioses. Se le atribuía la invención de las ciencias, del arte y de la agricultura, habiendo dado a los griegos el olivo y el arado. Presidía la autoridad de los estados y de las leyes.

Los atenienses la consideraban su protectora, y de su nombre deriva el de la ciudad, donde instituyó el Areópago o asamblea. Según la tradición, bajo el reinado de Cécrops ella y Poseidón contendían por la posesión de Atenas. Los dioses prometieron que correspondería al que hiciese el don más útil a los hombres. Poseidón, de un golpe de su tridente hizo surgir un caballo, y Atenea, un olivo, que los dioses decretaron como más útil a los hombres. En la guerra de Zeus contra los gigantes defendió a su padre luchando a su lado, y sepultó a uno de aquéllos, Encelade, bajo la isla de Sicilia. Homero nos cuenta que

participó en la guerra de Troya, protegiendo a los griegos. En muchos de los combates tutelaba a los héroes griegos. Se la representaba como una joven de majestuosa hermosura, armada de lanza y escudo, con la cabeza cubierta por un casco de alto penacho. Conservaba su virginidad celosamente, sin participar en los amores de los otros dioses. El adivino Tiresias fue cegado por haberla sorprendido bañándose. Atenea siempre se mantuvo fiel a su idea inicial de ser virgen por vocación, porque comprendía que su nacimiento marcó su destino, separada del sexo que ni siquiera había existido en su concepción. Cuando Atenea tuvo que buscar armas para intervenir en Troya, se dirigió al dios de la fragua, a Hefesto, para que forjase su arsenal. Hefesto aceptó el encargo y se puso a trabajar, enamorado de la bella y decidida diosa. A pesar de su fealdad, Hefesto había sido el marido de Afrodita y la presencia de Atenea le hizo pensar en un nuevo matrimonio. Al hablar del precio a pagar por el trabajo, Hefesto indicó que le bastaba el amor de Atenea. Poseidón, proclamó que la seria Atenea quería ser poseída por el dios armero y Hefesto se lanzó sobre la virgen eyaculó contra su muslo. Esta se limpió con unos vellones de lana que acertó a encontrar en la forja y lo arrojó al suelo, pensando que así daba por zanjado el incidente, y no llegó a pensar en lo que iba a suceder con esos vellones empapados con el esperma de Hefesto. Gea, la Tierra, recibió el esperma y quedó automáticamente preñada. Gea dejó claro que no iba a aceptar el hijo resultante de la estupidez de los demás y Atenea, sintiéndose parte responsable del incidente, tomó la decisión de hacerse cargo de la criatura tan pronto fuera parido por Gea. El hijo, Erictonio, fue sacado del Olimpo y llevado a la corte del rey Cécrope, para más tarde llegar también al trono de Atenas, como sucesor de su padre adoptivo.